
Al día siguiente, mientras el sol apenas iluminaba el elegante pero decadente hotel, Lucien y Eloísa disfrutaban de un desayuno tranquilo en el comedor principal. El maître, siempre atento a sus invitados y fiel a su pasión por los enigmas, se acercó con aire intrigante.
—Buenos días, señores. Espero que hayan descansado. Hoy tengo algo que podría interesarles: otro pequeño misterio.
Colocó frente a ellos una reproducción de un cuadro colgado en una de las paredes del hotel.
Reordenen las letras de cada palabra para crear una nueva y ponerla en las cuadrículas en blanco de la rejilla derecha. Cuando hayas terminado, miren las letras de los cuadrados coloreados para deletrear la RESPUESTA CORRECTA.
En realidad, son dos palabras y tienes que introducirlas sin el espacio entre ellas…
El maître se retiró con una sonrisa divertida, dejándolos intrigados con el enigma. Y antes de desaparecer, volvió la cabeza y les dijo:
—¡ Ah, se me olvidaba ! La respuesta son unos personajes mitológicos...
Lucien, siempre calculador, parecía analizarlo como si fuera parte de algo más grande, mientras Eloísa observaba en silencio, intentando descifrar el mensaje.
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